viernes, enero 12, 2007

Don Mario y Don Ronald





Se murió un día Ronald Reagan y el poeta Mario Benedetti escribió un poema llamando a la celebración. Yo, amándolo como lo amo o quizá precisamente por eso, osé contradecirlo.




L
ama don Mario a celebrar
la muerte de don Ronald.

Es don Mario un hombre hermoso
que merece todos mis respetos,
mi cariño,
mis amores.

Fue don Ronald un viejo horroroso
con poder,
un sátrapa ignorante:
el sumun de todas las más esdrújulas barbaries,
y ahora ha muerto.

Ha muerto don Ronald
y lo entierran con honores
y cantos y sirenas y loas y vítores
y con esos mismos himnos ambivalentes y patrioteros
con que igual entierran
a justos que a pecadores.

Y llama don Mario a celebrar
pero yo no puedo.

No puedo porque el muerto ya descansa,
no puedo porque el muerto ya no es don Ronald:
sino solo aquel bello bebé que un día cualquiera y hace tanto
iluminó con su primera risa infantil
los brazos de un padre
y el regazo de una madre…
la ilusión por delante. Solo ella.

¿ Qué lo hizo transformarse en esa mueca?
¿ de qué caminos se desvió para pisar a tanta gente?
¿ qué piedra de toque?
¿ qué señal?
¿ qué momento?
Qué terrible!

¿ Y por qué don Mario sí es justo,
y bello, y hermoso,
y le canta al amor besando con palabras casi un siglo de humanidad maravillosa?
¿ qué bendición?
¿ qué delicia?
¿ qué señal?
¿ qué gozo?
¿ qué lo hizo mantener esa inocencia?
¿ multiplicar los amores, y los peces, y los mares y los sueños de tantos de nosotros?

Cuanto muera don Mario celebraré la vida.

Celebraré con bombos y platillos
a aquel bello bebé al que el destino
le depararía unos bellos bigotes blancos
y unos ojos de sabio enamorado que me miran
a través de las fotos y los árboles.

Ha sido ese tierno niño fresco
el que encendió no solo los brazos
de su padre sino los de tantos padres que sufrían,
que llenó de aromas y canciones
no solo los pechos de su madre
sino también los pechos
de tantas desesperadas madres,
que lanzó al universo versos como ramos encantados,
y solo por el gusto de compartir
y ver con asombro qué pasaba.

A don Mario: cuando muera:
Agradeceré a la vida haberlo conocido.
Celebraré.


Pero por el otro:
Por la muerte del otro no celebraré.
No merece mi júbilo le ocupe
en esos menesteres.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Linda, gracias por tu comentario en uno de mis blog. Perdóname que no me refiera a tu post pero quería hablarte de Pedro Aznar a propósito de lo que me comentaste. Yo creo que en él habita la sencillez del genio verdadero. En su último recital en Chile, una vez terminado, con un grupo de amigos que habíamos asistido nos fuimos a un bar a comentar lo grandioso del concierto y adivina quién llegó??? ... exactamente... el mismísimo Pedro... lo saludamos, pero él en vez de alejarse de esa tropa de fans perplejos y ansiosos, se acercó a la mesa a saludar... creo que estuve abrazándolo un minuto completo, en silencio, y agradeciéndole todo su arte, esa música que es parte de mi vida, más allá de la armonía y el ritmo.

Julia Ardón dijo...

que historia más bonita. Qué bonito el abrazo.
Yo le escribi un e-mail y él personalmente me lo respondió. Eso dice mucho de la gente.
Gracias por la anécdota, juan Pablo.

Solo Palabras... dijo...

Julia, la muerte de los asesinos siempre nos llena de algarabía, al menos a sus victimas, tal vez porque no podemos, no pudimos, festejar su no nacimiento.
Comparto con Don Mario el sentimiento, pese a que también te quiero, ese sentimiento que hace que quede claro que la muerte no indulta los delitos, las aberraciones, los crímenes.
Es bueno siempre pasar por un lugar donde se debe pensar.
Un cariño grande

Julia Ardón dijo...

Muerte y Júbilo.
Es lógico cuando se ve a la muerte como derrota, castigo o desgracia.
Cuando se ve de otro modo cuesta asociarlo.

Ese es el fondo del asunto, y de ahí mi posición.

Anónimo dijo...

...eres guerrera! Adorar a Mario B. no siempre es sinónimo de sentir de igual modo...ni siquiera hay que disculparse. Pero tú eres así. Por eso eres distinta. Ahora tengo más poetas a los que regresar.
Un abrazo.